sábado, 6 de noviembre de 2010

La belleza de lo grotesco

Entre las 140 obras que permiten al público conocer mejor a uno de los más grandes artistas belgas del siglo pasado se encuentra la colección completa de sus famosos grabados, algunos en blanco y negro  y otros en color (colección Frank Deceunick), así como seis óleos, entre ellos los tres que se conservan en España (Colección Thyssen-Bornemisza y Museo de Bellas Artes de Bilbao), Los cocineros peligrosos (Colección privada, Bélgica) en la imagen de la izquierda se puede distinguir a  dos cocineros cuyos rostros corresponden a los dos directores de la  revista l’Art Moderne cocinando las cabezas de James Ensor y otros artistas para darles a los críticos de arte que esperan en el comedor.

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También se pueden ver otras obras como el Retrato de Dario de Regoyos (Colección Dexia Bank), pintor español que vivió en Bruselas a instancias de su amigo Isaac Albéniz. El genio transgresor de James Ensor puede verse en la capilla de la Fundación Carlos de Amberes en varias piezas con formatos menos convencionales: un cartón (2,57 x 4,25 m) de su obra más emblemática, La entrada de Cristo en Bruselas, realizada por Ensor y el artista y crítico Paul Haesaerts en 1930, que se presenta por primera vez junto al tapiz encargado en 2008 por un coleccionista particular.
No dejó su ciudad, que representó una y otra vez, excepto entre 1877 y 1880, para estudiar en la Academia Real de Bellas Artes de Bruselas, que abandonó por “aburrimiento”. En 1883 fundó con Fernand Khnopff, entre otros artistas, el círculo de vanguardia Les XX, y a partir de 1886 se volvió cada vez más simbólico, con una presencia recurrente de la figura de Cristo con el que se identificó en varios de sus autorretratos.
El recorrido de la exposición se divide en cuatro secciones centradas en los temas que marcaron la vida de James Ensor: Yo y los otros (retratos y autorretratos), Naturaleza belga (paisajes y marinas), Cristo revisitado (religión), y La gran farsa (máscaras, esqueletos, ironías).
Cada artista tiene un estilo propio que le hace reconocible e inconfundible, normalmente reflejado en una obra paradigmática que resume toda su trayectoria. Para James Ensor sin duda esa obra es La Entrada de Cristo en Bruselas el Martes de Carnaval de 1889 (Fundación Getty, Los Ángeles). En ella el artista belga conjuga la estridente riqueza cromática, las figuras extravagantes, el carnaval, la muerte y la sátira social, es decir, todos los elementos que le definen como uno de los artistas belgas más significativos y precursor de movimientos como el expresionismo y el surrealismo.
Por último, y como un guiño a uno de sus elementos preferidos, se presentan varias máscaras procedentes del Museo internacional del carnaval y la máscara de Binche.
La exposición “James Ensor. La belleza de lo grotesco” que contó con la presencia del Ministro de Bélgica, Yves Leterme, está organizada por la Fundación Carlos de Amberes en el marco de la Presidencia belga de la Unión Europea. La muestra comisariada por  Xavier Tricot, permanecerá abierta al público hasta el 8 de diciembre de 2010, en la sede de la Fundación Carlos de Amberes en Madrid.
Entrada de Cristo en Bruselas 300x216 James Ensor. La belleza de lo grotesco en la Fundación Carlos de AmberesJames Ensor (1860 -1949) nació y vivió en Ostende.  Según el comisario de la exposición, Xavier Tricot, su obra es particularmente interesante de 1885 a 1900. En ella destacan varios elementos característicos: máscaras, de carnaval o japonesas y chinas, esqueletos, así como el tema de la condición humana que fue, en su momento, fundamental para otro gran artista en el que Ensor se inspiró: Francisco de Goya. Esa obsesión se traduce en la omnipresencia de la muerte, la hipocresía y por supuesto, lo grotesco.
Auto de fe Felipe II en el infierno 300x218 James Ensor. La belleza de lo grotesco en la Fundación Carlos de AmberesAhora que se cumple el 150 aniversario de su nacimiento, y con ocasión de la Presidencia belga de la Unión Europea, la Fundación Carlos de Amberes presenta la obra de este pintor excepcional a través de la serie completa de los grabados que realizó a lo largo de su vida, pertenecientes a la colección Frank Deceuninck, así como una selección de óleos, entre ellos los tres únicos cuadros del pintor en colecciones españolas (en el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo de Bellas Artes de Bilbao). No faltan diversas versiones en diferentes formatos de La Entrada de Cristo (grabado, tapiz). Por último, y en un pequeño guiño a uno de sus leit-motiv, se exponen diversas máscaras procedentes del Museo de la Máscara y el Carnaval de Binche.
La muestra, comisariada por Xavier Tricot, experto en la obra del artista, se divide en cuatro secciones que engloban los temas principales de su obra. A través de este recorrido completo y apasionante por su carrera y sus obsesiones (Ostende, la religión, el carnaval, la muerte, el propio Ensor…) se podrá conocer algo más de este artista belga, dotado de un complejo carácter que configuró una iconografía personalísima y muy influyente.
Con motivo de la exposición se ha publicado el catálogo razonado en español de toda la producción como grabador de James Ensor, elaborado por el comisario Xavier Tricot.

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Cómo me veo a mí mismo y al mundo que me rodea?

¿Cómo me veo a mí mismo y al mundo que me rodea?

Insignificante… ¿Qué si no puedo ser cuando hay más de seis millones de personas iguales que yo? Todos
 tenemos las mismas ilusiones, vemos la misma realidad y vivimos en la misma época; influimos en nuestro entorno más cercano y son sólo unos pocos los que deciden por nosotros. No soy más que un ser insignificante metido en un mundo en el que todos somos iguales, pero a la vez muy distintos… parece contradictorio pero no lo es. Que se lo pregunten si no al niño africano que recorre todos los días veinte kilómetros para ir al colegio o al segundo hijo de una familia china abandonado en un orfanato. ¿Tienen acaso ellos algo que ver con el hijo del presidente de los Estados Unidos? Sí, que son seres humanos. Pero el entorno que les rodea hace las grandes diferencias entre ellos.


La vida de una persona no es la misma sin su entorno, sin una sociedad con la que relacionarse, reírse o abrearse. Imaginen una vida en la que los estudios, los amigos, la familia y la diversión sean los principales alicientes del mundo que le rodea. Ni una mala cara, pocas peleas y riñas, gestos de agradecimiento, apoyo en los buenos y malos momentos… imaginen esa vida y estarán adentrándose en mi mundo. Me veo respaldado y seguro y aunque sé que lo bueno no dura siempre, he de reconocer que no tengo ningún problema grave como para amargarme la existencia.

Mírenlo desde este punto de vista, ¿cómo voy a tener problemas si he nacido en un país desarrollado donde apenas hay abusos, donde cualquier ley te ampara o donde la higiene, la salud y la alimentación se ven como algo normal, como algo que ha nacido junto a nosotros?


Ése es el mundo que me rodea. Un mundo libre que tiene defectos y cosas buenas. Sería un poco egoísta por mi parte criticar nuestro mundo por la contaminación o los excesos de algunos sectores de la sociedad
cuando en otros países hay gente muriéndose de hambre. Por eso digo que me veo a mí mismo y al mundo

que me rodea como una mezcla de casualidades en las que el destino me ha brindado la oportunidad de ser feliz junto a una familia y a unos amigos que me quieren.